No es lo que tienes, sino a quien tienes

Afortunadamente, nuestro día a día transcurre de forma normal. Podemos tener un roce con un compañero, se nos puede colar alguien en el supermercado o se nos puede romper una taza, pero al margen de esto, no experimentamos nada grave ni tenemos dramas de los de verdad.

En cambio, si tuviéramos una lupa que nos permitiera conocer más a las personas y sus historias, veríamos que hay gente que sí sufre verdaderos dramas, que el hecho de perder el autobús es el menor de sus problemas y que “gracias” a esos problemas, sabe lo que es importante y lo que no. Gente que pierde a un padre, padres que viven en el hospital porqué su hija está ingresada o héroes que nos dejan un sábado no antes sin haber dejado huella en todo un país.

Entonces me pregunto: ¿por qué esperar a estar en una de esas situaciones críticas para abrir los ojos? Yo creo que se puede (y debe) hacer antes, en el mismo “día a día” que comentábamos. Es normal y hasta natural que a veces sin querer, nos ofusquemos con chorradas. Yo la primera. Pero luego te paras a pensar y dices: “qué más da si querías el bocadillo de jamón y sólo queda de queso… ¡es un bocadillo!”. Pues esto, con mil situaciones más. Si lo analizáramos desde la perspectiva, a más de uno le daría la risa. Porqué de verdad, hacemos montañas de auténticas tonterías… La mayoría de chiste. Y sino sólo hace falta ir a uno de esos monólogos con toque cómico en los que representan escenas de pareja. ¡La gente se parte de la risa! Como para no hacerlo…

Pero volviendo al tema, si a alguno de nosotros nos dijeran “te queda un día de vida, elige cómo pasarlo”, creo que nadie escogería trabajar (por mucho que te apasione), estar de mal humor ni discutir con alguien que te importa. La gente querría estar con su familia, amigos o en definitiva, disfrutar de los momentos con su gente querida. O al menos es lo que yo desde luego haría.

Y sí, es cierto que no en todas las familias se respira buen rollo. Que hay hijos que no se hablan con sus padres, hermanos que se llevan a matar o cuñados que se lanzan mensajitos con segundas a modo cuchillo. Pero es que, ¿quién ha dicho que tu gente tiene que ser la gente de sangre? Yo tengo la suerte de tener una familia maravillosa, pero conozco a gente que no la tiene. Y no por eso están solos. Tienen amigos que valen oro, compañeros geniales y apoyo en otras partes. Por supuesto, todas las opciones igual de válidas.

Entonces, teniendo claro cuál es nuestro verdadero tesoro en esta vida, ¿por qué no lo cuidamos más? Nos lavamos los dientes, planchamos la ropa y nos ocupamos de la limpieza del hogar. Y está estupendo, ¿pero y qué hay de los nuestros? ¿Ya cuidamos las relaciones personales con dedicación?

Realmente podrían haber múltiples “pautas” para esto, así que voy a compartir con vosotros cómo cuido yo mis relaciones, por si os sirve y queréis usarlo también con las vuestras:

  • Teniendo detalles. Los que me conocen saben que soy una detallista nata. Me encanta tener detalles con la gente, pero si encima es gente a la que quiero, ya es el no va más. Y tener detalles no tiene por qué significar gastar dinero. Se puede tener un detalle mandando un mensaje del estilo “que vaya genial el examen, tú puedes☺”, apuntándote la fecha de cumpleaños de la gente que aprecias o dejando un post-it en la cocina por la mañana deseando un buen día. Ideas y cosas por hacer hay tantas como quieras. Sólo es cuestión de pensar y esmerarse un poquito. De verdad que merece la pena. Es como el que tiene una flor: el que la riega y la cuida la tiene bonita y el que no, se le marchita.
  • Palabras con magia: Te quiero. El viernes estuve en una conferencia de Victor Küppers y puso un ejemplo muy bueno respecto esto: si ahora de repente llamas a tu madre y le dices: “te quiero mamá”, tu madre va a empezar: “¿hijo dónde estás? ¿Estás bien?”. Y eso denota lo poco que lo decimos. A veces damos por hecho que el otro “ya lo sabe” o simplemente nos cuesta decirlo. Si eres del primer grupo, no des tanto por hecho y dilo más a menudo. Corruptos sobran a patadas pero los te quiero nunca están de más. Y si eres del segundo grupo y te cuesta verbalizarlo, puedes probar a decirlo por carta. A veces escribiendo nos expresamos con mayor soltura y apertura. Pero si las cartas tampoco fueran lo tuyo, tranquilo, también se puede mostrar el afecto a través de acciones y hechos. Será por opciones… Y para gustos, los colores.
  • Besos y abrazos. Este punto no necesita demasiada explicación. Por si alguien aún duda, tiene numerosos estudios a su abasto que muestran los múltiples beneficios que tienen besar y abrazar a nivel psicológico. No tengamos que esperar a irnos de viaje para darnos un abrazo de despedida o a que sea el cumpleaños de alguien para darle un beso. Podemos introducirlos en nuestro día a día: besos de buenas noches, al entrar en casa o simplemente besos y abrazos cuando nos plazca. Si te arrepientes de algo en esta vida, que no sea de haber besado o abrazado poco a los tuyos…
  • Sonriendo. Y con esto no me refiero a ser un happy flowers ni a que no podamos estar tristes, faltaría más. Sino que hago referencia al aspecto de la amabilidad. Hay un dicho que dice “la confianza da asco”, y algunos aprovechándose se lo han tomado al pie de la letra. ¿O a caso no conoces a alguien (si es que no te ha pasado a ti mismo) que ha tenido un mal día y lo ha pagado con los de casa? A todos nos puede pasar alguna vez, pero que se convierta en costumbre es, bajo mi punto de vista, algo muy feo e irrespetuoso. Está genial que tengas confianza con tu pareja y que te desahogues y apoyes en ella, pero esto es una cosa y otra muy diferente que saques tu mala uva acumulada contra ella. Precisamente, nuestra gente es con la que tenemos que ser más amables y cuidadosos. Recuerda el ejemplo de la flor☺.
  • “Me alegro de…”. Hace días fui a comprar a una tienda y por sorpresa mía, la dependienta era una compañera que tuve en la carrera. Me atendió muy amablemente y tras cobrarme, cuando ya me iba, me dijo dulcemente: “me alegro de verte, Ares”. Y pensé: qué frase tan sincera y bonita y qué poco la decimos. Por eso, creo que es una estupenda forma de agradecer a alguien que forme parte de tu vida. Un “me alegro de que seas mi madre”, “me alegro de verte, abuela” o decir “me alegro de tenerte en mi vida” a un amigo, son gestos que, aparte de hacernos conscientes de la suerte que tenemos, hacen sentir bien a la persona a la que se lo decimos. Por tanto, ¡ganamos todos!

A medida que pasen los años, no recordaremos el vestido rojo que compramos en rebajas ni el resultado de cada partido de fútbol que veamos, pero sí recordaremos los momentos especiales. Esos momentos que compartimos con la gente que nos importa: la sorpresa que te preparó tu pareja un finde, las risas con amigos, las cenas con tu hermana, los abrazos infinitos con tu madre… Estos instantes son los que tienen un valor importante de verdad. Los que, sin duda, perdurarán para siempre.

Ares Zamora Segarra (@areszamorapsico), psicóloga.

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