Y tú… ¿Cueces o enriqueces tu vida?

Estábamos mi hermana y yo hace dos domingos comentando las ganas que teníamos de que llegara el buen tiempo. Los pantalones cortos, los bañitos al mar o a la piscina y ese doradito en la piel que tanto favorece. Me hubiese gustado ver la cara que teníamos imaginándonos ya en pleno verano… Pero entonces, de repente “volví”. Y me di cuenta que viviendo el futuro, primero que no haría que llegara más rápido y segundo que me estaba perdiendo otras cosas que sí podía estar viviendo de verdad en ese mismo momento.

Y es que, ¿cuántas veces no os ha pasado? Estar asado de calor en verano y desear el frío o estar muerto de frío en invierno y echar de menos el calor… O lo de estar en un restaurante comiendo el primer plato y pensar a la vez en el postre que te has pedido. O también, estar leyendo el primer capítulo de una novela y desear saber ya qué pasa al final. U otro clásico, pasar toda la semana esperando que llegue el finde y a la que no te das cuenta, tanto esperar los viernes que se te ha pasado el mes volando y a penas te has enterado.

¿Y qué me dices del niño que quiere ser mayor para hacer lo que le dé la gana, del adolescente que desea ser ya universitario, del universitario que quiere entrar ya al mundo laboral, del que lleva 30 años trabajando y desea jubilarse para poder estar tranquilo y del jubilado que daría lo que fuese para volver a ser joven otra vez?

Con todo esto lo que quiero decir es que a veces, da la sensación que tenemos alergia al presente. Que vivimos con el cuerpo aquí pero con la cabeza en el futuro. Cuando al fin y al cabo, el presente es lo único que realmente tenemos en nuestras manos.

Es probable que te hayas sentido identificado en alguna cosa o incluso puede ser que seas de los que vives “acelerado”. No te fustigues ni te machaques, lo importante es darse cuenta y hacer algo para intentar cambiarlo a partir de ahora. Yo soy la primera que he “pecado” más de una vez de esto y ya ves… aún a veces me sigue pasando. ¡Somos humanos!

Tampoco se trata de autoengañarnos y que de repente ahora el invierno sea tu estación del año favorita (si no lo es), pero ya que hay que “pasarlo”, mejor hacerlo sacándole el máximo jugo posible. Y cuando digo invierno, me refiero también a todo aquello que forme parte de tu presente actual. Eso sí, no hay que ser un radical y que a partir de ahora quede prohibido mirar o recordar fotos de hace años, hablar y programar las vacaciones de semana santa o pensar en los planes de futuro. La clave está en el equilibrio.

Así que sin más rodeos, aquí van cuatro antihistamínicos para combatir esa alergia ☺ :

  • Los momentos, igual que las naranjas: hay que exprimirlos al máximo. Hagas lo que hagas, seguro que puedes encontrar algo bueno en ello. Por ejemplo, te puede no gustar tu trabajo, pero ese pincho de tortilla que comes a media mañana… imposible que no te guste! O la visita que les haces a tus padres, hermanos o abuelos. ¡Nada de rutina! Dales un pedazo abrazo y disfruta de la suerte de tenerlos contigo. Y lo mismo con esas tardes de domingo en las que se pone a llover y la mezcla “lluvia” y “mañana es lunes” parecen todo un dramón de película. No hace falta adelantar el lunes, aún puedes aprovechar el domingo de mil maneras: leer un libro, reírte con una serie o experimentar en la cocina. Hay que sacarle más partido a los momentos, incluso a esos que parecen rutina total. Yo el otro día me flipé en la ducha y me imaginé que estaba en un spa. Os aseguro que fueron 5 minutos escasos, pero salí como nueva. ¡Tú eliges!
  • Busca lo extraordinario de los días ordinarios. Siendo realistas, la mayoría de nosotros ahora mismo no está sentado en una hamaca mirando al mar. Así que ya que no podemos estar de vacaciones, ¿por qué no creamos ratitos diarios de “mini-vacaciones”? Basta con que sean 10 minutos. 10 minutos libres que cada uno escoge en qué invertir: en una siestecita después de comer, en meditar o en pasear. A mí por ejemplo me encanta leer novelas. Pero con tanto libro chulo de psicología, las había dejado de lado para leer en vacaciones. Y el otro día, se me ocurrió que en vez de tanto whatsapp antes de ir a dormir, podía invertir ese tiempo en leer alguna novela que me guste. El sueño me coge mucho antes, porque con la luz azul de pantalla del móvil te activas y en cambio con la lectura normalmente te relajas, pero la verdad es que estoy contenta de haber retomado este hábito. Es mi momento-vacaciones de cada día.
  • Pon el freno de mano. Las personas funcionamos al revés que los coches: el motor va mejor si está puesto el freno de mano. Y con motor, me refiero al cuerpo y la salud mental. Si tu pareja te está hablando, deja de mirar un momento el móvil y escúchala con atención. Si vas hasta arriba de trabajo y es la hora de comer, para, disfruta de la comida y luego ya seguirás. Y si vas como loco conduciendo porqué sales con el tiempo justo de casa, sal 5 minutos antes y así no se te van a salir los ojos de las órbitas cuando el semáforo se ponga verde y el de delante no arranque. A veces vamos a un ritmo que nos supera y ya hay datos que confirman que en España han aumentado los infartos a causa del estrés laboral. Así que… en el coche ponte el cinturón por seguridad y en tu vida pon el freno de mano por bienestar. Aún estás a tiempo.
  • Tu mejor aliado: mindfulness. También conocido como Atención Plena, consiste (grosso modo) en ser plenamente conscientes de lo que está ocurriendo aquí y ahora. Está más que científicamente demostrado que con mindfulness se combate el estrés, se regula el envejecimiento y que con 8 semanas de meditación ya te pueden cambiar áreas del cerebro. Yo hice el programa de entrenamiento en mindfulness MBSR (desarrollado en la Universidad de Massachussetts) con Yolanda Cuevas, psicóloga e Instructora en Mindfulness. Y la verdad es que quedé encantada. Os dejo aquí mi testimonio por si os interesa (en Febrero empieza nuevas ediciones), pero como dije: “sin duda te llevas a un compañero de vida para siempre”.

De vida sólo hay una y que creo que merece la pena aprovecharla. Por supuesto, cada uno es dueño de la suya y puede escoger qué hacer con ella (siempre que no dañe a otros, claro). Así que tú eliges… cocerla y pasar los días, semanas y meses como un mero “trámite” o como si nada, o enriquecerla y aprovechar cada momento, incluso los de los días lluviosos, laborables o rutinarios, haciendo que cada día tenga algo bonito por lo que merezca la pena levantarse. De verdad, que no hay nada más satisfactorio que saber que estás sacando todo el brillo a tu vida.

Y tú… ¿cueces o enriqueces?

Ares Zamora, psicóloga. Si quieres saber más sobre ella, visita su Twitter.

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