Inteligencia emocional: La clave de la felicidad

Desde el momento que nacemos, todos tenemos una función en este mundo, con unas metas marcadas, y unos objetivos a conseguir. Cada persona se va guiando por sus intereses e inquietudes, pero todos tenemos un objetivo de vida común: ser feliz.

Parece que todos nacemos iguales, pero no todos lo conseguimos. Paradójicamente tendemos a pensar que esa felicidad depende de dónde hayamos nacido, el entorno donde nos hayamos criado, las decisiones que hayamos tomado o, un error muy extendido… ¡de las cosas que tengamos!

El caso es que podemos comprobar que no es así. Diversos estudios llegan a la conclusión de que la felicidad no depende del estatus sociocultural ni económico de la persona. La felicidad es una cuestión de actitud, es intrínseca al individuo (no depende de factores externos) y, lo que es más importante, está al alcance de todo el mundo.

Aquí es donde entra en juego la Inteligencia Emocional; el cómo reacciones a determinadas situaciones, cómo analices todo lo que pasa a tu alrededor, cómo disfrutes de las pequeñas cosas que te ofrece la vida (y no las pases por alto), cómo fijarte en lo que “tienes” en lugar de en lo que “no tienes”, y el cómo vivir y recorrer tu camino, son la clave del éxito para conseguir esa armonía espiritual cargada de sensaciones que enriquecerán tu alma; porque la felicidad no es la meta, es el camino.

Pero ¿por qué no todos somos capaces de aprovechar todo lo que nos pasa (lo bueno y lo malo) y sacar algo positivo de cada situación? Porque no todos tenemos igual de desarrollada la Inteligencia Emocional.

La Inteligencia emocional nos ayuda a analizar todas las situaciones y encontrar el lado bueno de las cosas; aprender de cada “fracaso” (que no son fracasos, sino oportunidades de mejora), disfrutar de cada momento, valorar todo lo que nos envuelve y sucede, poner el corazón en todo lo que hacemos y dejarnos la piel… Solo así se obtiene la recompensa.

La buena noticia es que la inteligencia emocional se puede aprender y entrenar con una serie de hábitos y rutinas.

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Con la inteligencia emocional, aprenderemos, entre otras muchas cosas, a:

  • Gestionar las emociones y canalizarlas de forma positiva.
  • Conseguir un equilibrio emocional personal y laboral.
  • Mejorar y aumentar las habilidades sociales, y con ello, las relaciones sociales.
  • Aumentar la motivación y entusiasmo para ser más productivos y eficientes.
  • Analizar las críticas como algo constructivo y aprovecharlas como una oportunidad de mejora y de cambio.
  • Aumentar la flexibilidad frente a la adversidad.
  • Canalizar el estrés y las situaciones bajo presión.
  • Hacernos más selectivos al recibir información, así como aumentar la resiliencia a la hora de defender nuestras propias opiniones.
  • Fomentar la tolerancia con respecto a las opiniones de los demás.

Hábitos y rutinas para llegar a dichos objetivos:

  • Dedicarse unos minutos al día para conocerse a sí mismo, ser consciente de las virtudes y los defectos, y “evaluar” la forma de comportarse en determinadas situaciones. Es recomendable hacerlo al final del día para poder analizar lo ocurrido y ser consciente de si hemos actuado bien o mal.
  • Tomar conciencia de nuestras emociones en cada situación; saber cómo nos sentimos nos ayuda a entender cómo podemos reaccionar y actuar en diferentes momentos.
  • Intentar ser la mejor versión de uno mismo día a día.
  • Potenciar la empatía con una verdadera escucha activa de las personas que nos rodean.
  • Marcarse unos objetivos claros y asumibles; pocos en un principio, para ir aumentando poco a poco. Siempre hemos de ser realistas.
  • Orden físico y mental; cierto orden de las estancias que frecuenciamos, así como agendas, calendarios y notas de aviso que nos ayuden en nuestro día a día, para poder anticipar y programar el mismo.
  • No bloquearse ante situaciones de estrés; ser consciente de que se está pasando por ello, programar una consecución de objetivos e ir haciendo todo lo que podamos, pero sin olvidarnos de que el cuerpo tiene un límite. Nuestro cuerpo nos habla y nos manda señales, escuchémosle.
  • Disfrutar de los pequeños placeres.
  • Hablar siempre en positivo: nuestro cerebro nos escucha, y se cree nuestras palabras. Hay estudios que demuestran que las personas que se hablan en positivo llegan más lejos que las personas que se lamentan continuamente.

Éstas son sólo algunas de las cosas que podemos conseguir con la inteligencia emocional y algunos de los mecanismos que podemos usar para ello, pero el desarrollo de la inteligencia emocional es tan amplio, que podemos seguir formándonos diariamente.

Hay muchos libros relacionados con éste tema y mucha gente que, cada vez más, usa este tipo de estrategias para mejorar su calidad de vida y, como he mencionado en párrafos anteriores, conseguir nuestro principal objetivo: ser cada vez más feliz.

Belén Ordóñez, psicopedagoga. Si quieres más información sobre ella, visita su web.

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