¿Cómo fomentar los pensamientos positivos?

El hombre no es más que el producto de sus pensamientos. 

Se convierte en lo que piensa. Gandhi.

Vivimos en una sociedad que intenta arrastrarnos hacia la competitividad de resultados, hacia la comparación con la otra persona, hacia el juicio, la queja y la culpa, hacia el control de todo lo que nos rodea aún siendo la naturaleza incontrolable, a caminar hacia una perfección inexistente, que nos atormenta, nos obstruye, instruida por el miedo, preparándonos inconscientemente para estar en alerta continua y el temido ¡Cuidado! Ese cuidado que nos pone en alerta, que nos transporta a lo primitivo y se pone en funcionamiento la maquinaria de la negatividad.

El ser humano está cómodo en lo conocido, aunque sea malo, para eso está la queja. Estamos cómodos ante la pasividad, lo desconocido nos asusta, el miedo nos paraliza, nos obsesionamos con la meta, olvidándonos de disfrutar del camino. Pero en el riesgo está la motivación, en saltar al vacío con todos los recursos disponibles, salir de nuestra zona de confort y enfrentarnos a la vida con los brazos abiertos, la alegría y la fuerza de superar nuestros propios límites.

Decía el escritor italiano Giovanni Boccaccio que

“vale más actuar exponiéndose a arrepentirse de ello, que arrepentirse de no haber hecho nada”

Ése es el principio del cambio porque es fundamental tener una actitud positiva, o proactiva, para que se produzca el cambio de pensamiento, es decir, querer cambiar primero, para transformar nuestros pensamientos después.

Todas las personas tenemos la capacidad de elegir qué y cómo queremos pensar, sólo hace falta que cultivemos ese hábito. Como en la película de Disney Pollyanna (1960), cuya protagonista dio el nombre al síndrome o personalidad de Pollyanna, refiriéndose a aquella persona excesivamente optimista, pese a su entorno desesperanzador. Aunque durante años estaba mal vista una persona continuamente optimista, incluso podía llegar a ser frustrante, cada día estamos más mentalizados de la necesidad de cultivar ese optimismo. No se trata de negar la realidad o las situaciones que nos rodean, sino que a pesar de mis circunstancias, tengo la capacidad de enfrentarlas y encarar la vida de la mejor manera. Por tanto, la clave está en lo que pensamos.

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¿Cómo podemos fomentar los pensamientos positivos? Te proponemos diez pasos a seguir:

1. Toma conciencia de tu vida: ¿Dónde vives? ¿en el polo negativo o en polo positivo?

Es importante que hagas un ejercicio de reflexión, centrándote por ejemplo en la última semana. Para ello coloca un cuaderno cerca de tu cama, para tomar las anotaciones en los dos momentos fundamentales de nuestro día: nada más despertar y antes de dormir:

¿Cómo te despertaste? ¿Cuál era tu primer pensamiento nada más abrir los ojos? ¿Qué emociones estuvieron más presentes en ti cada día (alegría, tristeza, frustración, miedo, etc.)? ¿Cuál era tu último pensamiento antes de dormir?

2. Comprométete contigo mismo.

Una vez hayas tomado conciencia de tu vida y en qué polo vives normalmente, ahora te toca asumir el gran paso de COMPROMETERTE contigo mismo para cambiar. ¿Quieres vivir en la queja o quieres vivir en el bienestar?

Comprometerte significa que aceptas el cambio, es decir, que aceptas descubrir tus miedos, tus creencias limitantes, superar tus bloqueos emocionales, confiar en la vida e implementar herramientas de manejo emocional. Comprometerte es asumir que eres cien por ciento responsable de tu vida y de que tu presente es fruto de tus acciones y pensamientos pasados, por tanto, céntrate en el aquí y en el ahora, para sembrar la semilla de tu futuro.

3. Define los logros a corto plazo:

¿Qué estás dispuesta a hacer mañana? ¿Qué metas te planteas para la próxima semana? Elige al menos una acción en positivo, un cambio que quieres cultivar, y ejercítalo cada día.

4. Aléjate de personas y situaciones negativas y destructivas:

Hasta que no interiorices hasta dónde llega tu responsabilidad y dónde comienza la de la otra persona, que las emociones del otro no son las tuyas, y aprendas a manejar tus emociones, es mejor que pongas distancia. Para ello te ayudará rodearte de personas positivas y proactivas, vivir situaciones donde impere la risa o el juego, establecer relaciones saludables, hacer deporte o simplemente disfrutar conscientemente de la naturaleza (caminar, observar el paisaje, escuchar el ruido de los pájaros, cargarte de energía solar, etc.).  Lee un libro, escucha música, visualiza una película que alimente tu espíritu. Medita.

5. Identifica tus pensamientos negativos y “Ponle freno” ¡STOP! Te #RETO a soltar el vaso. La siguiente historia te ayudará a entender el reto:

Un psicólogo, en una sesión grupal, levantó un vaso de agua. Todo el mundo esperaba la típica pregunta “¿Está medio lleno o medio vacío?” Sin embargo, preguntó: -¿cuánto pesa este vaso?

Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos. El psicólogo respondió: “El peso absoluto no es importante. Depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo un minuto, no es problema. Si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo. Si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, es siempre el mismo. Pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, y más difícil de soportar se vuelve”.

Y continuó: “Las preocupaciones, los pensamientos negativos, los rencores, el resentimiento, son como el vaso de agua. Si piensas en ellos un rato, no pasa nada. Si piensas en ellos todo el día, empiezan a doler. Y si piensas en ellos toda la semana, acabarás sintiéndote paralizado e incapaz de hacer nada”. ¡Acuérdate de soltar el vaso!

Para frenar los pensamientos negativos es necesario que los identifiques y pongas la atención en otra cosa. Para ello, hay diversas herramientas o técnicas que puedes implementar, como las siguientes:

  • Cuando identifiques pensamientos negativos, visualízate soltando el vaso de agua.
  • Da las ¡GRACIAS! Porque todo en tu vida llega para algo, todo tiene un mensaje y un aprendizaje.
  • Cambia tu atención realizando una tarea diferente a la que estabas haciendo, o centrando la atención nuevamente a tu tarea.

6. No te sientes a recordar el pasado ni vaticines el futuro: lo que pasó, ya no tiene vuelta atrás.

Desde este preciso momento que estás recordando el pasado, no estás viviendo el presente que es el único que puedes cambiar. Tampoco tiene sentido que te anticipes al futuro, no sabes qué nos tiene deparado la vida. El pasado suele generar melancolía, tristeza, frustración, y el futuro genera ansiedad. Vive el aquí y el ahora, sé consciente del momento presente como dice Eckhart Tolle.

7. Elimina el juicio, el rencor y  el orgullo: no te acomodes recordando el daño o la venganza.

Lo que piensas y cómo te hablas a ti mismo, o hablas a los demás, te está mostrando tus bloqueos, te está hablando de ti. Compararnos continuamente con los otros o vivir anclados en la queja fortalece a la víctima que llevamos dentro y nos mantiene en el polo negativo. Recuerda que en la diversidad está la riqueza, respeta a cada persona tal y como es y respétate a ti mismo.

8. Fomenta el efecto placebo: diversos estudios han demostrado que las palabras cambian nuestro cerebro y nos pueden curar.

El doctor Andrew Newberg y Mark Robert Waldman escribieron el libro “Las palabras pueden cambiar tu mente”, donde nos explican cómo los la utilización de palabras positivas estimula la actividad del lóbulo frontal que activa los centros de motivación del cerebro, aumentando los niveles de felicidad y disminuyendo los sentimientos de depresión.

El Doctor en Biología Celular Bruce Lipton, afirma que el efecto placebo –creer que algo nos sanará- es más curativo que un medicamento (…) la mente controla, si piensa de una manera, se va en una dirección y, si piensa de otra, se va en otra (…) la mente es energía. Cuando piensas, transmites energía, y los pensamientos son más poderosos que la química (…) las propias creencias se convierten en un campo energético.

9. Cambia tus palabras y cambiarás tus pensamientos: te invito a que no me creas sino que experimentes, y compruebes.

Las palabras que nos decimos a nosotros mismos son tan importantes como las que decimos a los demás. Por eso, es buen momento para que modifiques cómo te dices las cosas. Aquí te hacemos una propuesta para formular nuestras frases. Recuerda que tus palabras cambian tus pensamientos.

  • Tengo que   →   Quiero
  • Podría   →   Puedo
  • Me preocupa   →   Me importa
  • Tengo un problema   →   Tengo una situación
  • Intentaré   →   Voy a
  • Soy así   →   Tengo el hábito de
  • Siempre tengo problemas   →   Estoy pasando por un momento complejo
  • Hoy estoy mejor, pero ayer estaba fatal…   →   Hoy estoy mejor, van remitiendo los síntomas

Cuando te dirijas hacia otra persona, comienza a hablar desde el “YO”,  desde lo que te gustaría, lo que quieres y elimina las exigencias y los reproches, elimina los “podrías”, “deberías”, “tienes que”, etc., que se centran en el otro, y  permite que la otra persona decida.

  • Tienes que sacar la basura   →   Estoy ocupada ahora, ¿quieres sacar tú la basura?
  • Deberías almorzar en casa que no te veo nunca   →   Me encanta compartir contigo, ¿quieres que almorcemos en casa y así pasamos tiempo juntos?
  • Podrías hacerme caso mientras te hablo   →   Me gustaría hablar contigo, ¿quieres que lo hagamos ahora?

10. Escribe antes de dormir, al menos 5 cosas positivas que hayas vivido durante ese día. Cierra los ojos, respira profundamente y visualiza esas cinco cosas positivas, siéntelas como si las estuvieses experimentando nuevamente. Agradece.

Fomentar el pensamiento positivo debe convertirse en un hábito y como tal, hay que entrenarlo, siendo constante para obtener un resultado satisfactorio. No es magia y nadie va a hacerlo por ti.

En definitiva, para que se produzca el cambio de pensamiento es necesario tener una actitud positiva: hay que querer, hay que conocer, hay que hacer para lograr ser. Es decir, tienes que QUERER cambiar, tienes que re-CONOCER tus pensamientos, tienes que poner en práctica, ACCIONAR para poner en valor lo aprendido, y así lograr SER la persona que quieres SER.

Itahisa Pérez-Pérez, pedagoga y directora de educoEMOCIÓN®

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